sábado, 18 de septiembre de 2010

M: el Vampiro de Düsseldorff (Fritz Lang)



Año: 1931
Duración: 99 min
País: Alemania
Director: Fritz Lang
Guión: Thea von Harbou & Fritz Lang
Música: Edvard Grieg
Fotografía: Fritz Arno Wagner (B&W)
Reparto: Peter Lorre, Otto Wernicke, Gustav Gründgens, Theo Lingen, Theodor Loos, Georg John, Ellen Widman, Inge Landgut







Fritz Lang, responsable de hacer una de las mejores películas de CF, Metrópolis (1927), cumbre del expresionismo alemán, crea y plasma en 1931, junto a su esposa Thea von Harbou, M: el Vampiro de Düsseldorff. La trama está basada en un hecho real (ver más adelante).

Hans Beckert (Peter Lorre), un asesino de niñas, está causando una paranoia colectiva en la ciudad alemana de Düsseldorff. La policía no da con su paradero, y en su desesperación promueve redadas en los sectores en que operan gangsters, prostitutas y ladrones, arruinándoles el negocio. Mediante un montaje paralelo, Lang nos muestra dos importantes reuniones: una de jefes de la mafia y otra de jefes de la policía, definiendo al mismo tiempo “atrapar al asesino a como de lugar”.

Fritz Lang consigue hacer pensar a todo el que la vea, debido a la crítica política y al juicio al que es sometido el asesino por los delincuentes de la ciudad. Describe a una colectividad enervada, que no logra comprender que hasta el más infame delincuente merece un juicio justo y una defensa adecuada.

Este film es una obra maestra del cine negro. Se podría decir que esta emocionante película de Fritz Lang, al margen de la historia que narra (la del asesino de niñas), refleja la situación de la Alemania de principios de los años 30, cuando la república de Weimar estaba en sus últimos años y el partido Nazi a punto de llegar al poder. La oscuridad de la película, todas las sombras que refleja, los antros que enseña, las calles oscuras, grises, la inseguridad ciudadana…Todo esto nos está reflejando la situación política que se vivía en la que no había seguridad, la gente no creía en sus líderes políticos, y el paro y la ruina económica había acechado a mucha gente del país.

Fritz Lang buen conocedor de los recursos cinematográficos nos presenta una ciudad que parece un laberinto. Pone la cámara a diferentes alturas, con este juego de angulación, nos da a entender que una fuerza maléfica acecha a la ciudad. Otro recurso genial, es que sugiere la muerte. En ningún caso nos enseña ninguna imagen violenta, hace que el público intuya lo que ha pasado, por ejemplo al matar a Elsie Beckamn sólo vemos su pelota rodar y el globo volar. Todo eso lo adereza con golpes de humor que hace que a veces los ladrones y la policía parezcan títeres en un circo.


Datos importantes de esta película

Es la primera película con sonido dirigida por Fritz Lang en la Alemania de la República de Weimar.

A las puertas de la dictadura de Hitler, fue fuertemente castigada por la censura de la época. Su título original era M (Mörder unter uns) (El asesino está entre nosotros), pero Hitler pensó que se refería a él y lo hizo cambiar

En definitiva Fritz Lang nos retrata con atrevimiento la inseguridad e inestabilidad social y política que potenció en cierto modo la llegada al poder del nazismo, ahondando en los fantasmas personales de la psique humana y exponiéndola frente a una sociedad corrupta y corrompida. Y que en su conjunto a través de imágenes, montaje y su especial enfoque a los objetos nos transmite una idea conceptual y a la vez simbólica de un tema siempre vigente.

Es la primera vez que se trata la historia de un asesino en serie.

Considerada una de las mejores películas de la historia del cine.

Fue una de las primeras películas que empleó un leitmotiv, concretamente la canción “Peer Gynt” de Edvard Grieg. Con este leitmotiv Lang expresa la dualidad del personaje: su cara más amable y el más sádico psicópata. Esta ambigüedad también se nos enseña mediante sombras y reflejos del protagonista. Cada vez que le oímos silbar la citada melodía, sabemos que va a actuar el vampiro. Melodía que el ciego reconoce nada más oírla y da la voz de alarma. He aquí una gran paradoja que nos ofrece Fritz Lang: el único que no ve, reconoce al asesino.


El director de fotografía Fritz Arno Wagner (colaborador de Murnau), subraya esta atmósfera opresiva con su esencial plasmación expresionista con su estética llena de luces y sombras.

Al asesino, se le conoce como “M” de mörder (asesino), letra que un vagabundo, para poder ser reconocido, le ha marcado con una tiza en la espalda.


Peter Lorre


El actor Peter Lorre, de origen húngaro, tiene una actuación soberbia en esta película. Hacia el final de la película, el personaje de Lorre crea un monólogo espeluznante y lleno de patetismo, el que lo convertiría inmediatamente en una estrella.





Thea von Harbou

Thea von Harbou fue esposa de Fritz Lang, con el que colaboró y escribió muchos de los guiones de sus películas (El doctor Mabuse, 1922; Los nibelungos, 1924; Metrópolis, 1927; entre otras). En 1932, se unió al Partido Nazi. Lang, opositor al nazismo, la abandonó al huir a América. Se divorciaron en 1933.


Cine expresionista alemán

Es el nombre que se le da a un grupo de producciones cinematográficas con ciertos aspectos en común. Este estilo de hacer cine tiene su correspondencia con la corriente expresionista, llamada así por contraste con la corriente impresionista del siglo XIX en pintura, es decir, con aquél tipo de pintura en la que prima la “expresión subjetiva” sobre la representación de la objetividad. Esta pintura recurría a colores hirientes y ritmos lineales muy fuertes. Arraigó fundamentalmente en Alemania, de donde surgió el movimiento Die Brücke (el puente), fundado en 1905 por unos estudiantes de arquitectura.

Al cine llega, de forma tardía, con “El gabinete del doctor Caligari”, película inspirada en una serie de crímenes sexuales que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. Narraba los estremecedores crímenes que cometía Cesare, bajo las órdenes hipnóticas del doctor Caligari, que recorría las ferias de las ciudades alemanas exhibiendo a su sonámbulo. La idea de los guionistas era la de denunciar la actuación del Estado alemán durante la guerra.

Pero Robert Wiene, que será quien la dirija, añadirá dos nuevas escenas al guión, una al principio y otra al final, que cambiarán todo el sentido de la historia, pues se convierte en el relato imaginario de un loco que cree ver en el director del hospital psiquiátrico en el que se halla al terrible doctor Caligari. El principal atractivo de la película reside en su anormalidad escenográfica, con chimeneas oblicuas, reminiscencias cubistas y ventanas con forma de flecha, todo ello con una función meramente dramática y psicológica, y no como algo decorativo. Es cierto que el azar va a contribuir a realzar ese dramatismo, ya que, debido a la limitación de la iluminación en el estudio donde se rodó, se decidió pintar los decorados con luces y sombras.

Otra característica a destacar será el maquillaje de los actores, y su interpretación. “El gabinete del doctor Caligari” obtendrá un gran éxito. Será, junto al personaje de Charlot, el primer gran mito de la historia del cine. Los críticos franceses acuñaron la palabra caligarismo para designar las películas alemanas de la nueva estética. Wiene dirigirá varias obras más en años sucesivos, pero jamás conseguirá alcanzar el éxito ni la calidad artística de Caligari. Con la llegada de los nazis al poder decide exiliarse y fallece en Paris en 1938.

El expresionismo evolucionará sustituyendo las telas pintadas por los decorados e dando paso a una iluminación más compleja como medio expresivo. Esto da origen a una nueva corriente que se conocerá como Kammerspielfilm, que posee su origen en las experiencias realistas del teatro de cámara de Max Reinhardt, famoso director teatral de la época.

La estética de la Kammerspielfilm se basa en un respeto, aunque no total, de las unidades de tiempo, lugar y acción, en una gran linealidad y simplicidad argumental, que hace innecesaria la inserción de rótulos explicativos, y en la sobriedad interpretativa. La simplicidad dramática y el respeto a las unidades permiten crear unas atmósferas cerradas y opresivas, en las que se moverán los protagonistas. La trayectoria de esta corriente aparece dominada por dos realizadores principalmente: Friedrich Wilhelm Murnau (Nosferatu, 1922) y Fritz Lang.






El verdadero vampiro de Düsseldorff

Basada en el hecho real del “vampiro” de Düsseldorf (Peter Kürten)

El temible "vampiro de Düsseldolf" está considerado como uno de los más sanguinarios asesinos en serie de todos los tiempos por los expertos criminólogos y psicólogos que han seguido su caso de cerca.

Nació en 1883 en Colonia (Alemania) en una familia tan pobre como numerosa (era el tercero de trece hermanos), y todos habitaban bajo pésimas condiciones en un espacio muy reducido y un ambiente familiar deplorable. Su padre era alcohólico y de muy mal carácter, pegaba frecuentemente a su mujer e hijos.

Cuando sólo contaba con ocho años, Peter hace una primera tentativa de fuga y se escapa de casa harto de los malos tratos...
Cuando su familia se traslada a Düsserdolf en 1884, se evade de nuevo y comienza a vivir como un vagabundo, de pequeños hurtos, dando muestras a temprana edad de instintos criminales: disfruta estrangulando ardillas y maltratando a los perros callejeros que se cruzaban en su camino, así como a otros animales para ver correr su sangre, cometiendo además actos zoofílicos con ovejas a las que degollaba una vez alcanzado el orgasmo.

En una ocasión trata incluso de violar a una de sus hermanas más jóvenes.
La primera condena la cumpliría en 1897 por robo, y así muchos más actos delincuentes que lo obligan a pasar cerca de veinte años entre rejas.

En 1913 comete su primer crimen sexual: viola y degolla salvajemente a Christine Kelin, una niña de 13 años.

Años más tarde, cuando él mismo contaba con cuarenta, su vida parece dar un giro y contrae matrimonio con una mujer de buena familia.

Cambia de aspecto vistiendo con mucha elegancia y sencillez, se peinaba con brillantina (producto casi desconocido en Alemania en aquella época), usaba gafas, lucía un recortado bigote, e incluso usaba polvos faciales.

Como la mayoría de los sádicos sexuales, Kürten parece llevar una vida normal como cualquier buen esposo. Trabajaba como conductor de camiones, y su mujer jamás sospechó que tras un hombre tan educado y atento como su marido podría esconderse el autor de crímenes tan sangrientos.

Entre 1925 y 1930 se suceden en la pequeña localidad alemana una serie de crímenes que estremecen y sensibilizan a toda la población, similar a la que padeció Londres en tiempos de otro conocido asesino: Jack el Destripador.

A pesar de que la policía alemana contaba con métodos muy por encima de los que disponía Scotland Yard en 1888, tardaron varios años en tener alguna pista del misterioso criminal a quién terminaron apodando unos "El Vampiro de Düsserdolf" y otros "El rey del crimen sexual".

Kürten tiene por costumbre el beber la sangre de sus víctimas y de matar animales cuando tiene sed. A veces se divierte incendiando las casas abandonadas, esperando ver arder algún vagabundo que durmiese en su interior. De hecho, a su tercera víctima, una niña de nueve años llamada Rose Ohliger, la rocía de gasolina y le prende fuego para complacerse viéndola arder en una terrible agonía.

La policía, viendo por momentos su autoridad y reputación comprometidos, lleva a cabo continuas redadas y abundantes controles rutinarios a la busca y captura del feroz asesino. Incluso algunos grupos de delincuentes y bandas callejeras se unen a la "caza" del vampiro con tanto interés por detener la ola de crímenes como las mismas fuerzas de seguridad.

Hasta la fecha, se le inculpaban nada menos que ocho terribles asesinatos y catorce asaltos.
Afortunadamente para todos, cometió un grave error en 1930 que le costaría su detención. Tras un atentado criminal fallido contra María Butlier, la mujer logra escapar y proporcionar una detallada descripción de Kürten.

Al mismo tiempo, éste se asusta al leer la prensa y ver su retrato robot en la portada de los periódicos, por lo que confiesa la totalidad de los crímenes a su esposa mientras charlaban, quitándole importancia a los hechos como si se tratase de simples travesuras infantiles. La señora en un principio se desmaya de la impresión, pero finalmente, asustada y asqueada pone las declaraciones de su marido en conocimiento de la policía.

Durante el juicio, se dedicó a escribir cartas a los padres de las víctimas en las que se disculpaba de una manera muy peculiar: alegando que él necesitaba beber la sangre lo mismo que otras personas necesitan beber el alcohol...

Pese a que no disculpe en absoluto sus crímenes, lo cierto es que sí padecía de "hematodipsia", una patología que consiste en obsesión compulsiva por consumir sangre, bajo implicaciones sexuales)

Finalmente tras una hora y media de deliberación, el jurado pronunció su veredicto de culpabilidad para Peter Kürten, quién fue sentenciado a nueve penas de muerte.

Hasta el último minuto se creyó que iba a recurrir al veredicto para tratar de librarse de ser decapitado, pero el asesino no apeló y guardó la calma hasta el día de la ejecución. Tan sólo se manifestó para pedir una última voluntad, y era que cuando lo decapitase el verdugo, le dejasen escuchar durante unos minutos cómo su propia sangre goteaba en el suelo...

El 2 de julio de 1931, a las seis de la mañana, en el patio de la prisión de Klügelpüts (Colonia), se cumplía su deseo.

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